Foto: web (ahora inactiva) de la Casa de los Caramelos.

Cap i casal. Icones de la cultura valenciana es un proyecto entre Hard Cuore Producciones y Carambal para contar València a partir de lugares, personas, símbolos… reconocibles, sin los que la ciudad no sería lo que es. Cada mes se publicará una nueva entrega. Hoy, nos ponemos dulzones con la Casa de los Caramelos. Más información sobre la iniciativa, aquí.

Un lugar de una ciudad se convierte en un icono de la misma cuando trasciende su propia existencia. Por ejemplo, cuando se convierte en un sitio reconocible para quedar. Todo el mundo sabe dónde es, no hay lugar a la duda y no hacen falta más explicaciones. La Casa de los Caramelos (tanto en Muro de Santa Ana como en la calle Xàtiva) fue ese punto de encuentro durante muchos años para mucha gente.

Un lugar de una ciudad pasa a formar parte de su memoria cuando los recuerdos de la gente se conectan. Preguntarse, de niño, si todos aquellos caramelos que se amontonaban en las vitrinas de sus escaparates eran de verdad, también es identidad.

La Casa de los Caramelos fue, en su origen, una frutería. Los hermanos Vicente y Francisca García Tamarit la abrieron en 1940 en la calle Muro de Santa Ana. Quiso la casualidad que por la puerta de la Frutería Paquita pasaran los aficionados del Levante camino del campo de Vallejo, haciendo parada allí para abastecerse de caramelos mentolados. El éxito y la visión comercial de Vicente transformaron, en 1953 (y con su mujer Emilia relevando a Francisca), la frutería en Casa el Caramelo. Lo cuentan, con más detalle, Gumersindo Fernández y Enrique Ibáñez en su recomendable libro Comercios históricos de València.

Aquella frutería reconvertida en tienda de caramelos no solo amplió sus dimensiones, sino también su presencia en la ciudad. Dos casas rellenas de chucherías se unieron, en los años siguientes, a la familia. Ambas en la calle Xàtiva. Una cerca del Pasaje del Doctor Serra y la otra muy próxima de la Estación del Norte.

En los años noventa, Vicente repartió las dos tiendas que aún permanecían abiertas entre sus dos hijos: su tocayo se quedó con la de la calle Xàtiva, donde su clientela estuvo, mayoritariamente, formada por gente que llegaba de los pueblos a la capital. Su hija Emilia heredó la de Muro de Santa Ana, a la que le cambió el nombre por el de Casa de los Dulces.

Hoy, ambas, son historia. La cercana a la Estación es un Starbucks. El edificio de la originaria pertenece ahora a la Universitat Politècnica de València, que lo ha rebautizado como como UPV Caramelos, aunque sigue sin inaugurarse. Pero la Casa de los Caramelos aún existe y sigue ligada a la familia García. Una tienda (pequeña, sobre todo si se compara con sus antecesoras) en la Gran Vía Ramón y Cajal 34, mantiene vivos el recuerdo y los dulces.

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