Viñeta de una de las aventuras de Pumby.

Cap i casal. Icones de la cultura valenciana es un proyecto entre Hard Cuore Producciones y Carambal para contar València a partir de lugares, personas, símbolos… reconocibles, sin los que la ciudad no sería lo que es. Cada mes se publicará una nueva entrega. Hoy toca maullar con el gran Pumby. Más información sobre la iniciativa, aquí.

Las trapisondas aventuras de Pumby, el gatito feliz que creó el gran José Sanchis Grau (1932-2011, cuya vida merecería un artículo en Carambal), nunca pasan de moda. Podrían mirar a la cara, hoy en día, sin problemas, a las de ese felino robotizado (y que nos encanta) llamado Doraemon. Ojalá ver a la chiquillería (y a la no, vamos, que nos apuntamos) lucir camisetas y jugar con muñequitos de nuestro protagonista. Si Álvaro Pons calificó la serie de obra maestra, ¿quiénes somos nosotros para llevarle la contraria? ¡Viva Pumby!

En 1954 nació Pumby (y también Matt Groening, lo de las casualidades lo dejamos en vuestras manos). Un gato que vivía en Villa Rabitos, tenía una amiga llamada Blanquita y frecuentaba al profesor Chivete. Sus disparatadas aventuras (que al mismo tiempo desprendían cierto aroma clásico), empezaron a publicarse en la revista Jaimito. Apenas un año después, ya tenía cabecera propia donde compartía páginas con otros personajes. Más adelante llegaría Super Pumby, su conversión en superhéroe gracias a la ingesta de zumo de naranja. Sus viñetas fueron un éxito siendo devoradas por niños y niñas, felices de acompañar al minino a lugares tan remotos como delirantes que respondían a fantásticos nombres como Matematicolandia o Jauja.

Casi como un superhéroe tuvo que luchar el propio Sanchis Grau para recuperar los derechos de su personaje que Editorial Valenciana había registrado a nombre del sello sin informarle. Por suerte, como en las viñetas que dibujaba, los buenos ganaron y en 1999 la justicia falló a su favor. En 2018, Dolmen publicó un primer volumen (se llegaron a editar cuatro) que rescataba las peripecias de Pumby. ¡Que alguien saque ya las camisetas!