
Cap i casal. Icones de la cultura valenciana es un proyecto entre Hard Cuore Producciones y Carambal para contar València a partir de lugares, personas, símbolos… reconocibles, sin los que la ciudad no sería lo que es. Cada mes se publicará una nueva entrega. Hoy, nos vamos a 1982, al Mundial de fútbol, de la mano de Naranjito. Más información sobre la iniciativa, aquí.
A Naranjito se le humilló tanto cuando nació como se le reivindicó cuando ya nadie se acordaba de él. Primero por desprecio y después por nostalgia (y/o negocio) siempre ha sido exprimido. La serie de dibujos que protagonizó, Fútbol en acción, donde le acompañaban su novia Clementina, su amigo Citronio o un robot pera, tampoco ayudó a ensanchar su club de fans. La que fuera mascota de los Mundiales de fútbol de 1982, celebrados en España, nació de la mente de dos publicistas sevillanos, José María Martín Pacheco y María Dolores de Salto. El primero la ideó y la segunda le dio forma y color, con Walt Disney como máxima inspiración. A cambio recibieron 6.000€ y tuvieron que renunciar a los derechos de explotación. Estos fueron vendidos por la Federación a la empresa británica West Nally, por 8’4 millones de euros.
La vida de Naranjito no fue fácil. A pesar de haberse impuesto a las 585 restantes propuestas presentadas (derrotando en la final al niño torero Brindis y al morlaco Toribalón, aquí más info sobre ambas), aquella fruta cítrica, masculinizada para la ocasión, recibió todo tipo de improperios y zancadillas desde diversos ámbitos. Hasta escritores como Rosa Montero o Juan Benet afilaron su prosa para burlarse de él. También tuvo que hacer frente a una acusación de plagio por parte de Lolo Rico (tres años antes un personaje del mismo nombre aparecía en un programa suyo, Dola, dola, tira la bola, e incluso grabó un disco, según se recoge en este artículo) o de José Luis Moro, creador de la Ruperta. Pero ninguna salió adelante.
La elección de una naranja como mascota del Mundial no fue la única conexión que tuvo el campeonato con València. La ciudad no solo fue una de sus sedes, sino la que acogió (en el entonces llamado estadio Luis Casanova) los partidos de la selección española en la primera fase, con Tendillo y Saura (la ausencia de Sempere merecería una docu-serie) entre los convocados. España estuvo encuadrada en el Grupo E junto a Honduras, Yugoslavia e Irlanda del Norte. Empataron con los primeros, ganaron a los segundos y perdieron contra los terceros. Se clasificaron para caer en la siguiente ronda en la que tuvieron a Alemania e Inglaterra como rivales. Bastantes años después, la selección española, encontró su redención en un Mundial (el de Sudáfrica de 2010) ganándolo. Como en el caso de Naranjito, el paso del tiempo fue lo mejor que les pudo ocurrir.
El Mundial tuvo, también, vínculos artísticos con València. En la Avenida de Aragón, en una rotonda relativamente cerca de Mestalla, se encuentra la escultura, en acero inoxidable, que Andrés Alfaro creó para conmemorar la cita futbolística. Más efímera fue la falla realizada por el artista Vicente Luna, plantada el 19 de junio (tres días después del partido contra Honduras y uno antes del de Yugoslavia), en la plaza del Ayuntamiento, y quemada el 25, con los futbolistas presentes. Además, la ciudad, al ser sede, fue una de las protagonistas de los carteles que la Federación de Fútbol encargó a diferentes artistas. Tal vez el más popular sea el oficial, y genérico, de Miró, pero hubo otros firmados por Arroyo (Madrid), Chillida (Bilbao), Saura (Sevilla) o Tàpies (Barcelona). El de València corrió a cargo del italiano Valerio Adami, lo tituló Alegoría, y en él se reconocía un balón alado, unos pies, un hombre con sombrero y el nombre de la ciudad, todo en tonalidades rojo y amarillo.

Más Cap i Casal:
¡Nace Cap i casal!



