
La máquina del tiempo de Carambal es una excusa para recordar lugares de la València del siglo XX que ya no existen, de la mano de gente a la que admiramos. Andrés Giménez es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales, pero si está hoy aquí es por su desaforada pasión por buscar, descubrir y coleccionar fotografías relacionadas con València. Responsable, junto a Ángel Martínez, de los imprescindibles volúmenes de La Valencia desaparecida, y coautor de otros libros que no deberían falta en tu biblioteca, nos invita a recordar un triunvirato invencible: años ochenta, La Torna, Pepe Rubianes.

Aquella noche había asistido con compañeros del Colegio Mayor Sant-Yago Apostol (calle Comedias, 20) a ver una actuación de un tal Pepe Rubianes, entonces apenas conocido. Me reí mucho. Era un jueves de finales de los años 80 y luego nos fuimos a tomar unas copas a La Torna.
No me acuerdo si en La Torna tenía como acompañante a dichos compañeros o a alguna novia de aquel entonces, pero sí que me acuerdo que mientras degustábamos un brebaje de color rosa, insufrible pero divertido (“orgasmo de monja” lo llamaban), al lado en la barra se acercó Rubianes con un par de acompañantes. Pensé en saludarle y darle las gracias por el buen rato que me había hecho pasar, pero no lo hice por pudor, por la posibilidad de importunarle. Luego Rubianes se hizo famoso y se convirtió en un ídolo para mí. Para una persona que apenas tiene ídolos, aquella fue una oportunidad perdida de saludar a una persona muy admirada a la que nunca después tuve tan cerca. Recuerdo aquella noche con cariño y con esa nostalgia que acude a uno cuando recuerda momentos en que era feliz y sin embargo no se daba cuenta de ello.
¿Y si tras saludarle hubiésemos empezado una conversación que hubiera desembocado en una buena amistad?



