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Ganaron varios concursos, compartieron cartel con Inspiral Carpets o Happy Mondays, tocaron en la cárcel Modelo, grabaron un disco, giraron por toda España, telonearon a Barricada en Abastos el día que ardió un autobús de la policía, maquetaron las canciones de lo que iba a ser su segundo álbum y … punto final. Todo eso en poco más de dos años y medio de trayectoria.
Los Flacos fueron la cuarta reencarnación de un grupo con casi la misma formación, pero distintos estilos. El núcleo surgió en Atalaya, una urbanización de Chiva, donde eran vecinos y amigos desde la infancia, los hermanos Cardona (Eugenio y Dani) y Paco Fita.
1985. En Negro fue el primer nombre que tuvieron. Eugenio a la voz y guitarra. Paco al bajo. Vicente Metralla (actualmente en Los Radiadores), que respondió a un anuncio que habían puesto en el Trajín, a la batería. José María Navarro, un compañero del colegio, a la otra guitarra. Elena también a la voz. ¿Y Dani? “Yo tocaba la armónica, hacía coros, yo lo que quería era estar”, ríe al recordarlo.
Se presentaron al concurso de Les Mogudes de la Dipu sin haber tocado nunca en directo. Para ir algo rodados a la cita del certamen, que era un domingo por la mañana en la plaza de toros, decidieron subirse al escenario de la sala Planta Baja ese mismo fin de semana, y dieron sendos conciertos el viernes y sábado por la noche previos a la gran fecha, e incluso otro ese mismo día ya por la tarde. En Negro, como puede deducirse por el nombre, militaban en la onda siniestra. “Es lo que pretendíamos, luego el resultado era lo que era”, explica Dani.
Un año después En Negro mutaron en Madame Curie. Salieron Metralla y Elena y entraron Fernando Giménez a la caja de ritmos y Sant a los teclados. Las guitarras oscuras seguían iluminando sus pasos. El Vínculo sería el tercer nombre que adoptaron y el primero con la formación original de Los Flacos. Fernando y Sant salieron y Dani se sentó a la batería.
Con El Vínculo, recuerda Paco, fueron “dejando el tono oscuro y deprimente y tirando hacia un sonido más rock”. “En ese momento”, apunta Dani, “empezaron a surgir grupos de una juventud extrema, como por ejemplo Los Ronaldos, practicando un rock and roll que, de repente, vimos que nos atraía más”.
Dos hechos marcaron la trayectoria de esta banda. Por un lado, la maqueta que les grabaron en L’Alcudia, en el estudio donde también lo hacían Banderas de Mayo. Y por otro, y gracias a esa demo, actuaron en Barraca, en el concurso organizado por el programa La Factoría Urbana (Vicente Esteve a los mandos en Radio Color), que ganaron.

En 1989, El Vínculo acaban convertidos en Los Flacos. Dani, que andaba buscando nombre para un grupo que había montado con compañeros de la facultad de Bellas Artes (acabaron siendo Los Max Malos), le enseñó a su hermano Eugenio una lista con algunos que iba a proponer “y cuando vio el de Los Flacos me dijo que ese no lo diera, que nos lo quedábamos”. Les gustaba cómo sonaba y que hiciera referencia a los grupos de los sesenta, a rock and roll.
Los Flacos debutaron sobre un escenario en mayo de 1989. Eugenio Cardona a la guitarra y voz, Paco Fita al bajo, Dani Cardona a la batería y José María Navarro a la otra guitarra. Fue en Gasolinera, compartiendo cartel con Rubber Souls e Imprevisibles.
Solo unos meses después ganaron el concurso de grupos valencianos del programa La conjura de las danzas (Radio Color), de Jorge Albi. El premio: tocar en Barraca junto a Inspiral Carpets, Happy Mondays, The La’s o Los Flechazos. “Fue algo absolutamente abrumador”, habla Dani, “porque solo habíamos tocado en garitos como Planta Baja o Gasolinera, en concursos de pueblo… sonando a cartón. Y aquello fue como superprofesional. El equipo era alucinante, el sonido que salía era una pasada, el trato una locura”.
Es la famosa fiesta en la que estuvo Noel Gallagher, por entonces roadie de Inspiral Carpets. “Cenamos todos los grupos en una terraza. Los ingleses se pusieron a hacer el gamberro, rollo hooligan. Uno de ellos cogió un muslo de pollo y lo puso en un árbol como si fuera un pájaro. Lo tenía al lado y me quedé con su cara. Años más tarde, cada vez que veía a Oasis me acordaba de él, de cómo se parecía a uno de ellos. Hace poco leí que Noel Gallagher fue pipa de Inspiral Carpets, así que era él el del muslo de pollo”, rememora Dani.
1989 aún les tenía reservada otra magnífica noticia. Mientras, ellos no dejaban de “ensayar duro en aquellos locales de Godofredo (del grupo Ceremonia), en Primado Reig, compartidos con La Gran Esperanza Blanca”, apunta Paco. “Éramos muy obsesivos, muy disciplinados, pero para tener algo donde agarrarnos. Diría que algo estrategas, sabíamos las cosas que teníamos que hacer para sentirnos seguros. Nosotros ensayábamos todos de cara, sin mirar al de al lado, como si estuviéramos en un concierto”, añade Dani.
El Concurso Pop-Rock 89 fue el siguiente escalón que subieron. Organizado por la Conselleria de Cultura, TVE y RNE, tenía como premio un millón de pesetas y la grabación de un maxi para el ganador. 151 grupos (según una información de El País de entonces) se presentaron al certamen. Los Flacos eran uno de ellos, y también de los nueve que accedieron a las semifinales.
La primera juntó a Al Este, Vitamina Vil y Amor Sucio, clasificándose estos últimos para la final. La segunda la protagonizaron La Gran Esperanza Blanca, Imprevisibles y Las Máquinas, ganando los terceros. Alcoi acogió la última con Los Flacos, Motel Morgan y N.E.S. Los elegidos fueron los protagonistas de este artículo.
Antes de la final (que se celebraría en Arena y con La Unión como grupo invitado), Los Flacos vivieron otro de sus highlights, tocaron el día de la Merced en la cárcel Modelo de València. Fue una propuesta de Juan Carlos Moral, Juanky, batería de Rubber Souls y funcionario de prisiones. El cartel lo completaron Las Máquinas y … la striper Carla.
Una experiencia dura. Presos preguntándoles si llevaban drogas, funcionarios recriminándoles que hablaran con los internos. Muchos controles. Dolor de huesos de la tensión. Un escenario pequeño en el patio. El público de pie. Algún conocido en primera fila. Un recado para alguien del Perro Negro. Un desafinador extraviado.
“Nos veían como a unos niñatos, que es lo que éramos”, relata Dani, “tocamos nuestro repertorio, peleando la cosa, pero no funcionaba. Hasta que mi hermano, de repente al presentar la canción “El buscavidas” dijo que fue escrita allí, en la cárcel. Una trola como una catedral. Y cuando cantó aquello de “y en esta celda hace mucha calor / nunca olvidaré a esos cabrones”, empezamos a ver cómo los presos se susurraban entre ellos y cada vez que decíamos “cabrones” señalaban a los funcionarios. A partir de ahí fue mejor el bolo”.

El 21 de octubre de 1989 se celebró la final del Pop-Rock 89 con Los Flacos, Las Máquinas y Amor Sucio. Ganaron Los Flacos. La resaca del concurso les llenó de dudas sobre los siguientes pasos a dar, pero no tardaron en reaccionar. Con el dinero del premio compraron instrumentos y jubilaron los que tenían. La otra decisión que tomaron fue proponerle a Eduardo Guillot que fuera su manager (entonces lo era, también, de Scooters). Aceptó y pronto llegaron los frutos.
El maxi que incluía el premio del concurso se convirtió en un mini-LP, Iñaki Altolaguirre (que acababa de trabajar en el doble en directo ¡A por ellos…! que son pocos y cobardes, de Loquillo y Trogloditas) lo produjo y les fichó para su sello ES-3 Records.
La cara A del disco (“Moriré en la carretera”, “Es noche de blues”, “Solo mis huesos”) se grabó en los Estudios Tabalet, de Alboraia, en enero de 1990. La B (“Nadie se parece a ti”, “Dos ruedas”, El buscavidas”) en los Penny Lane, de Rentería, tres meses después. (Dani) “Iñaki vino a producir solo las canciones que entraban en el maxi y grabamos aquí. Luego cuando montó su sello fue cuando se negoció completar esa grabación, que fuera un mini-LP y lo sacara él”.
Dani rememora la grabación en Alboraya como “muy accidentada”, Paco reconoce que hubo “algún enfrentamiento”. Cardona entona un mea culpa por su actitud entonces. “Tuve muy mala experiencia. Fui al que más caña le metió. Imagino que porque era el peor tocando, pero también el más rebelde. El primer día ya tuvimos bronca. Fui algo inconsciente, una falta de educación por mi parte, ¿quién era yo para decirle nada sobre su trabajo? Pero, entonces, la producción se entendía como algo contra el grupo. Me curré mucho mejorar a la batería e Iñaki me lo reconoció. La segunda parte, en el Norte, fue más fluida. Nos hicimos amigos al final”.
Cuatro días estuvieron en Rentería, en unos estudios que Dani recuerda (y Paco corrobora) que no existían como tal. “Iñaki montó el set en una discoteca abandonada que no la habían limpiado desde el día del cierre, que había sido una nochevieja. Había confeti y champán pegado por el suelo”.
El disco incluyó en su listado de canciones una versión reprise de “Moriré en la carretera” que no apareció. (Dani) “Era una toma más acústica y grabarse se grabó. Debió de ser un error a la hora de planchar el vinilo”.
¿Contentos con el resultado final? (Dani) Yo era entonces muy amigo del Nano Payá, batería de Glamour o Ceremonia entre otros, le comenté mis dudas sobre el sonido del disco y él me dijo “¿Cuando lo pones en el tocadiscos suena por los altavoces? Pues date con un canto en los dientes y celébralo, disfrútalo. Para llegar a donde quieras llegar hay que dar pasos”. (Paco) “No nos disgustó entonces, supongo que por la inexperiencia, pero desde luego no reflejaba en absoluto lo que eran Los Flacos en directo, mucho más crudos y contundentes”.
Oportunidad de demostrarlo tuvieron en la gira nacional que hicieron. Sevilla (Fun Club), Vigo (La Iguana) o Barcelona (“guardo muy buen recuerdo del concierto en el Casal de joves de Cerdanyola”, apunta Paco) fueron algunas de las ciudades que visitaron. También aparecieron en varios programas de televisión y sonaron en Los 40 Principales. Pero si hay una fecha que no olvida ningún miembro del grupo es la del sábado, 10 de marzo de 1990, cuando telonearon a Barricada, en el antiguo Mercado de Abastos.

El concierto (la insubmissió en concert, se leía en los carteles) lo organizó el colectivo Mili-KK y la Coordinadora Pacifista. Las entradas costaron 1.000 pesetas anticipadas y 1.200 en taquilla. Iñaki Altolaguirre se desplazó a València para ejercer de técnico de sonido. El inicio estaba previsto a las diez de la noche y a esa hora ya estaba el aforo completo. Abastos era, entonces, el retén de la policía, y en sus instalaciones aparcaban sus vehículos. Uno de ellos, un autobús, ardió esa noche.
La policía no tardó en cargar. El incidente pilló al grupo en el camerino después de haber actuado. (Dani) “Recuerdo que les dije al resto que había que salir de allí cagando leches. Teníamos que sacar la furgoneta por la puerta y aquello estaba lleno de gente. Cuando salimos, la policía a caballo ya estaba repartiendo por todos los lados”. Iñaki, por aquello de que su coche era matrícula de San Sebastián, también se apresuró en evacuarlo de allí.

Los cuatro miembros de Los Flacos estaban juntos desde que se llamaban En Negro. Pero, José María Navarro decidió abandonar el grupo. Su sustituto fue Willy Fuster (La Resistencia, NES, Scooters). “Para nosotros”, habla Dani, “era como un Dios punk, le admirábamos mucho. Y congeniamos muy bien, tocaba excepcionalmente y de carácter era un tío muy fácil. Pero a la compañía le dejamos de gustar. Con José María nos veían un grupo más fresco, más inocente, más vendible. No les cuadraba un punkie tocando con esa sensación de agresividad. Creo que fue por eso por lo que ES-3 dejó de contar con nosotros”.
La banda trabajaba en las canciones del segundo disco. “Bolbaite”, “El desertor”, “Corazón herido” o “Gasolina” eran algunas de ellas. Escuchadas hoy en día se palpa la evolución de la que habla Dani sin por ello dejar a un lado el adn del grupo. Ramones, La Frontera o The Clash podrían ser algunas pistas genéricas sobre el sonido de Los Flacos. Ellos, en una entrevista en la revista Boogie apuntaron a Las Ruedas, Enemigos y La Granja en el apartado nacional y a The Rolling Stones, The Smithereens y al cuarteto de Forest Hills en el internacional.

Aquellas maquetas que enviaron a ES-3 nunca recibieron el visto bueno del sello y a pesar de que los temas habían sido rodados en directo no los movieron por otras discográficas. En octubre de 1992, en Gasolinera (la sala donde dieron su primer bolo), Los Flacos (compartiendo cartel con Los Garfios, que debutaban ese día) actuaron por última vez sin ser conscientes de ello. (Paco) “Empezaron a pesar los planes profesionales a futuro y quizá empezaba a ver alguna disparidad de opiniones estilísticas. Fue una decisión dolorosa, al menos para mí, estábamos en un gran momento y creo que todavía nos quedaba mucha cuerda”. (Dani) “Los motivos fueron algo abstractos, nunca los entendí, pero supongo que por falta de motivación. Lo económico no era importante, ni el objetivo, pero sí había mucho esfuerzo y gasto y las compensaciones a todos los niveles iban mermando. Y la vida de unos jóvenes veinteañeros también se iban complicando con los estudios y demás”.

Eugenio dejó el grupo después de aquel concierto y el resto siguieron ensayando como trío, con Willy a la voz, “no con la intención de seguir como Los Flacos, sino un nuevo proyecto que finalmente no vio la luz”, aclara Dani. Nunca más se han vuelto a juntar en un escenario.
Disueltos Los Flacos, sus componentes siguieron ligados a la música. Eugenio montó Vida en Marte con los que grabó un disco. Dani entró en Las Terribles, montó con Isa Una Sonrisa Terrible, ejerció de productor en Experience (estudio de Salva Alemany que se quedó) y sus posteriores Estudio 54 y El Sótano, y tiene un amplio curriculum como batería en distintas bandas como Desguace Café (proyecto creado por él) o Ramonets. Paco también pasó por Las Terribles, luego entró en Los Garfios, montó Pulpos, tocó en Pulse, Deal Dolls y Durango Shock. Willy (junto a miembros de Los Básicos y Lalo de Los Mocetones) montó Los Kubalas, en 2007 en el Festur se reencontraron Scooters, en 2018 se juntaron otra vez en el concierto homenaje a Julio Llopis «El Bolo» (que fuera cantante y guitarra rítmica de la banda, fallecido dos años antes), y en 2013 se unieron de nuevo La Resistencia para un concierto (a raíz de la publicación del libro Miles de muchachos, de Eduardo Guillot) y grabaron el disco Revuelta a las andadas. Pero esto son otras historias… que contaremos en su momento.




