
Hablaba, el día que le entrevisté, con Rafa Solaz, de la cantidad de documentación sobre una época que tenemos a nuestro alrededor, presente en nuestro día a día, y a la que no le hacemos caso (y acaba muchas veces en la basura). Desde la publicidad de los supermercados (en la Biblioteca de Catalunya la conservan en su sección de Material Menor) a, por ejemplo, la relacionada con la prostitución y similares (de la que él tiene una magnífica colección). Atesoran información sobre quienes somos, cómo nos comportamos y el tiempo en que vivimos. Precisamente, en uno de sus libros, el magnífico Valencia canalla, recogía el anuncio de una pistola de fogueo que se vendía para seguridad personal por 280 pesetas, en 1973. Un reclamo que podría interpretarse como un editorial.

En una de mis vistas a la Hemeroteca lo busqué. Allí estaba en Las Provincias del 8 de julio de aquel año. No era la única publicidad que llamaba la atención. Todo lo contrario. Cierto que en aquel ejemplar había algún que otro contenido suculento (como un artículo de Fermín Cebolla sobre el efímero papel como corresponsal de guerra de Pío Baroja), pero los ojos se lanzaban en picado hacia los anuncios.

Si hubiera que establecer un pódium con los tres mejores, junto al del revolver de fogueo estarían uno en el que se buscaban futbolistas (no interesan medianías se especificaba en mayúsculas) para formar un equipo de empresa y otro sobre un viaje organizado a Japón saliendo desde Valencia (16 días por 54.500 pesetas y acompañados por el director de la agencia en el que era su cuarta visita al país asiático).

Más allá de lo exótico que puedan resultar las tres propuestas (había más), contienen mucha información sobre la sociedad de entonces, sobre los miedos y aspiraciones de una ciudad (y un país) que vivía aún bajo el yugo de una dictadura. Año y medio después moría, por fin, Franco.




