
Cap i casal. Icones de la cultura valenciana es un proyecto entre Hard Cuore Producciones y Carambal para contar València a partir de lugares, personas, símbolos… reconocibles, sin los que la ciudad no sería lo que es. Cada mes se publicará una nueva entrega. Hoy, La Pantera Rosa. Más información sobre la iniciativa, aquí.
Blake Edwards estuvo en València en 1982 rodando la película La maldición de la Pantera Rosa, octava entrega de una saga que había comenzado en 1963, popularizando al mencionado personaje tal y como lo conocemos hoy en día gracias a los títulos de créditos animados por Friz Freleng. El director norteamericano nunca pudo imaginar que a escasa media hora andando del Astoria, hotel donde se alojaba, dos años después se inauguraría en València una escultura de hierro y veintidós metros de altura, encargo de Aguas Potables, a la que la ciudadanía acabaría rebautizando, precisamente, como aquella desgarbada felina que abría y cerraba su film.
La Pantera Rosa, la de València, ni se llamaba así ni era rosa. La de la película, en realidad, era un diamante. Dos razones más para celebrar que el pueblo reescribiera el relato. Miquel Navarro quiso con su escultura, de nombre real Fuente Pública, conmemorar la traída de aguas a València del Júcar. Situada en la calle Filipinas, tuvo un coste de cinco millones de pesetas (unos treinta mil euros), un presupuesto que el artista siempre ha calificado de escaso. El Partido Popular, sin entender nada, y queriendo unirse a la nomenclatura de la calle, decidió pintarla de rosa en 1997 (aprovechando su restauración) ante la sorpresa de su autor que exclamó que era roja. En 2018 recuperó su tez original.
Miquel Navarro se inspiró para su elaboración en un insecto, pero siempre ha respetado la interpretación que hizo la gente. Ya el mismo día de la inauguración escuchó que alguien la llamaba Pantera Rosa. Es lo mejor que le puede pasar a un elemento del espacio público, que los ciudadanos lo hagan suyo (a veces demasiado, como improvisada piscina veraniega). El 31 de octubre de 2003, Navarro inauguró otra escultura en València, esta de cuarenta y seis metros de altura, El Parotet, dejando claro desde el título que, de nuevo, se inspiraba en un insecto, la libélula. Curiosamente, solo once días después a Blake Edwards le comunicaron que le iban a conceder un Óscar (el primero y único de su carrera) honorífico … a pesar de aquella película que rodó en nuestra ciudad.




