Mural homenaje a La Traca y a su director, Vicente Miguel Carceller, en la calle Azagador de las Monjas, de València. Foto: Carambal.

Cap i casal. Icones de la cultura valenciana es un proyecto entre Hard Cuore Producciones y Carambal para contar València a partir de lugares, personas, símbolos… reconocibles, sin los que la ciudad no sería lo que es. Cada mes se publicará una nueva entrega. Hoy, La Traca. Más información sobre la iniciativa, aquí.

La Traca fue una revista que siempre hizo honor a su nombre y cada número fue una sonora mascletà contra las instituciones y personas más rancias de la sociedad. El Jueves o Mongolia son unos aficionados a su lado. Y a Abogados Cristianos ya les habría causado más de un ictus estructural. Además, fue una publicación que contó con un fuerte respaldo de lectores. Suyo es el mérito de haber conseguido rebasar, por primera vez en España, en 1931, la barrera de los 500.000 ejemplares vendidos. Cifra que no fue superada hasta medio siglo después por el semanario Interviú.

Su primer número salió en noviembre de 1884, bajo la dirección de Manuel Lluch (uno de los fundadores de Lo Rat Penat), y ya lucía por entonces los principales rasgos que la catapultaron al éxito años después: ideología republicana, lenguaje popular, sátira política y siempre enfrente de la burguesía, el clero y los militares. Sobrevivió a las multas gracias al apoyo de los traqueros, pero en 1892 la revista cerró.

Apareció La Traca Nova dos años después recogiendo el espíritu transgresor de la original, aunque únicamente publicó seis números. Hasta que en septiembre de 1909, Vicente Miguel Carceller resucitó la cabecera poniéndose al frente del proyecto (para más información, la imprescindible biografía sobre él escrita por Antonio Laguna Platero) y convirtiéndola en un auténtico fenómenos de masas.

La Traca tuvo una vida tan exitosa como llena de zancadillas. Cerrada por Primo de Rivera, multada por Lerroux… Carceller (que tuvo que exiliarse en algún periodo) respondía creando nuevas publicaciones que seguían el adn traquero (La Sombra, La Chala) hasta que podía recuperar la cabecera original. En su última etapa, coincidiendo con la guerra civil, la revista aparcó su línea más sicalíptica (que leída hoy supura machismo por bastantes poros) y se centró en combatir con humor a los fascistas. Franco y Queipo de Llano (al que tildaron de borracho y acabó amenazando de muerte al director) fueron los más ridiculizados.

En marzo de 1938 La Traca dejó de publicarse. La falta de materias primas y las dificultades para su distribución la condenaron al silencio. Peor suerte corrió Carceller cuando acabó la guerra. Fue detenido, «juzgado» y fusilado (junto al dibujante Bluff) por el franquismo el 28 de junio de 1940. Los mataron por dibujar o publicar chistes, por practicar el humor, por hacer reír. Importante no olvidarlo ahora que resurgen nostálgicos de la dictadura y niñatos que creen haberla conocido a golpe de reel de tik-tok. La Traca sigue viva hoy en día porque muchos de sus ejemplares se pueden consultar (y descargar) en Hemerotecas digitales.